¡El increíble sueño de James Cameron se hizo realidad!

Un cuarto de siglo después de que la maravillosa 'Titanic' llegase a nuestras salas de cine —y a nuestras vidas—, medio mundo conoce al dedillo la historia de amor entre Jack y Rose que, desgraciadamente, terminó como el rosario de la aurora por culpa de un iceberg. Lo que no todo el mundo sabe es que la película sólo fue un pretexto para que su director cumpliese un sueño.

La excusa perfecta

En un ya lejano 2009, el bueno de James Cameron confesó en una entrevista con la revista Playboy que su obsesión por las profundidades marinas y, más concretamente, el deseo de explorar los restos reales del naufragio de la mítica embarcación, fue el verdadero motor de la producción. Vamos, que la cinta fue una excusa para dar un paseo submarino de lo más interesante.

"Hice 'Titanic' porque quería bucear entre los restos del naufragio, no porque quisiera hacer la película. El Titanic era el Everest de los naufragios y, como buzo, quería hacerlo bien. Cuando supe que otros tíos habían buceado en el Titanic para hacer una película para IMAX, pensé: 'Voy a hacer una película de Hollywood para financiar una expedición y hacer lo mismo'. Me encantó ese primer contacto, y quise más".

Está más que claro que la relación entre Cameron y el océano es algo muy especial que va más allá de su cinta ganadora de 11 Oscars. Un simple vistazo a su filmografía nos permite ver su amor por el medio acuático, proyectado en títulos de ficción como 'Abyss' o 'Avatar: El sentido del agua' y en documentales como 'Misterios del océano' o 'Misterios del Titanic', pero su filia oceánica viene de mucho, mucho antes.

El sueño de Jim

El cineasta explicó a National Geographic que los documentales de Jacques Cousteau fueron el germen de esta pasión durante su infancia, que fue creciendo con el paso de los años hasta que, en 1968, ocurrió algo determinante. Por aquél entonces, el joven Cameron visitó el Museo Real de Ontario, donde disfrutó de una exposición diseñada por el doctor Joe MacInnis que recreaba un hábitat submarino.

James, entusiasmado, decidió escribir una carta a MacInnis mostrándole su interés por crear su propio hábitat. Para sorpresa del crío, el doctor le contestó:

"Me envió la dirección de su contacto con el fabricante de Plexiglas. Le contacté y me enviaron una muestra. En ese momento, ya tenía la ventana [del hábitat subacuático]. ¡Sólo tenía que construir el resto! Eso fue importante. Creó la sensación de que era posible".

Con el paso de los años, James Cameron fue cultivando su pasión, llegando a realizar un buen número de inmersiones, siendo uno de sus mayores logros el descenso a la fosa de las Marianas, considerada como uno de los emplazamientos oceánicos más profundos del planeta, con una distancia hasta la superficie cercana a los 11 kilómetros. Por si esto fuera poco, lo hizo en un sumergible diseñado por él mismo: el Deepsea Challenger.

El director y explorador documentó su experiencia en un interesantísimo vídeo para National Geographic:

"Salí disparado, lo más rápido que había visto nunca. La superficie, simplemente, retrocedió. Se fue. Estoy mirando el medidor de profundidad y estoy a 1000 pies en dos minutos. Luego a 2000, luego a 3000. El submarino iba como un murciélago". Tras siete años de preparación, Cameron había alcanzado su objetivo.

"Aquí estoy, en el lugar más remoto del planeta Tierra, al que ha costado tanto tiempo, energía y tecnología llegar, y me siento como el ser humano más solitario del planeta, totalmente aislado de la humanidad, sin posibilidad de ser rescatado en un lugar que ningún ojo humano ha visto jamás. Me sentí como si en un solo día hubiese viajado a otro planeta y hubiese regresado".

Según recogen datos sobre la conocida como Challenger Deep, el punto más profundo de la Tierra situado en el fondo de la fosa de las Marianas, el 25 de marzo de de 2012, James Cameron se convirtió en la primera persona en descender en solitario, coronándose también como la segunda expedición en conseguirlo después de la capitaneada por Don Walsh y Jacques Piccard en 1960. Nadie volvió a descender hasta 2019.

Esto nos deja claro que James Cameron, además de una leyenda del medio cinematográfico, es poco menos que un pionero.

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